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Historia del Grupo Lucky

Miraflores. Piso cuatro de un edificio de cuatro pisos. Aquí queda su oficina, el edificio le pertenece. Su almacén está copado con los productos que sus clientes le dan a promocionar. A Lucrecia Carrión no le gusta estudiar, pero sin ella su empresa se desbarataría.

Matute. Ahí creció Lucrecia. Huérfana de padre y madre a los 9 años, junto con sus dos hermanos menores fue acogida por su hermana mayor, su cuñado y los cuatro hijos de estos. Al año, a solo dos de todos ellos les tocaban zapatos. Lucrecia estaba a cargo de toda la prole. Está convencida de que así comenzó todo, de que así ella se cuajó en el arte de liderar una empresa. Lucky, así bautizó a la suya. Lucky, así han llamado a Lucrecia toda la vida.

Usted empezó vendiendo ollas puerta por puerta.
Así es. Nosotros somos huérfanos de padre y madre, fuimos criados por nuestra hermana mayor. Ella se convirtió en nuestra mamá y mi cuñado, en un papá maravilloso. Éramos siete --porque ellos ya tenían cuatro hijos--, pero pasaron unos años y también la perdimos a ella. Yo era la mayor.

¿Qué edad tenía?
Estaba por cumplir 17, y me quedé al frente de la casa. Al poco tiempo salí embarazada, así que ya no éramos siete, sino ocho. Las necesidades eran tremendas, así que la lucha fue muy grande; ¡y ahí empezó mi empresa! ¿Por qué te digo esto? Nosotros fuimos criados con muchos valores: mi papá y mi mamá (su cuñado y su hermana) nos enseñaron que uno puede vivir en un lugar humilde, pero se tiene que diferenciar. ¿Cómo? ¡Teniendo la casa más linda, la más limpia! Cuando falleció mi hermana, yo dije: nadie llora, no vamos a dar pena, ¡vamos a seguir el ejemplo que ella nos dio! Y hoy, mientras recordaba cosas a propósito de esta entrevista, pensé que ahí empezó esto de cómo llevar una empresa; porque mi padre era obrero, y todos teníamos que trabajar para aportar.

¿Dónde vivían?
En Matute. Cada uno de nosotros tenía una tarea, ¡y se volvió un especialista! El que limpiaba el baño tenía que hacerlo brillar, si no, no salía a jugar pelota. Así nació la especialización. Y mira, la satisfacción nuestra es que ahora todos son buenos esposos, buenos padres. Pero eran tantos, que cuando había que dar las quejas, yo tenía que tomar nota. Así aprendí a estar atenta a todo.

Manejando su casa aprendió a administrar su empresa.
¡Te lo juro! Ahora me doy cuenta de que así me nació el hábito. Eran tantos, que yo tenía que organizar hasta en qué orden entraban a la ducha; y en las vacaciones, ¡todos tenían que trabajar! Comprábamos bloques de margarina y lo partíamos en cuadraditos para vendérselos a los vecinos.

Era bien rico, porque además todo lo hacíamos bien divertido: en la casa siempre había música. Lo valorábamos todo. Por eso, si tuviera que volver a nacer, pediría que todo fuera igual: porque así aprendimos a agradecer. Mis hermanos y yo sabíamos que esa no era nuestra casa, que ellos no eran nuestros padres, ¡y teníamos un afán de agradecimiento! Si almorzábamos en la casa de una tía, yo le limpiaba la casa.

¿Y todo eso, en qué se tradujo cuando empezó a trabajar?
Ya con una hija, tenía que trabajar para mantenerla. Después tuve el segundo y, obviamente, no había estudiado... Yo me inicié mirando un aviso en el periódico, uno de esos que te dicen: vas a ganar mil dólares. Me presenté y el gerente me impresionó. Comencé a soñar con todo lo que ahí iba a lograr.

Era la fábrica de ollas.
La fábrica de ollas, y seguí al pie de la letra todas las indicaciones que me dio. Él me formó como vendedora, ¡hasta ahora sigo sus reglas! Era el señor Valverde, no me olvido de él nunca; y como él, han aparecido en mi vida personajes para los que no tengo más que agradecimientos.

Su siguiente paso fue trabajar en la empresa que hoy es Alicorp.
No, después de vender puerta por puerta --y de trabajar domingos y feriados--, empecé a vender publicidad en un semanario. Sentía que había subido de nivel. En esa época, mi hijo jugaba en Alianza Lima, y como yo estaba metida ahí --era la delegada de las divisiones menores--, se me ocurrió una idea: como ahí veía a niños con talento, pero que se desmayaban por falta de una buena alimentación, le planteé al semanario contar ello: así ayudaba a esos niños y también me ayudaba yo, porque presenté la historia a Perú Pacífico y aceptó poner avisos en el semanario. Con esa comisión, yo tenía para pagar siete meses del colegio particular de mis hijos. ¡Imagínate!

Perú Pacífico, hoy Alicorp.
Así es.

Ese fue el gancho para luego entrar a esa empresa.
En realidad, sí. Cuando conseguí el contrato con Perú Pacífico me enteré de que, con ese dinero, el semanario iba a comprar el papel para la impresión. ¿Recién? ¡Ah, no!, dije. ¿Y si no consiguen dinero para la siguiente edición? Ya veremos, me dijeron. ¿Te imaginas? Ese gerente (el de Perú Pacífico) había confiado en mí, me había pagado la publicidad para varios números. No entregué el cheque a la revista. Fui adonde el gerente y le conté lo que había pasado. Le devolví su cheque y le agradecí la confianza. ¿Y ahora qué vas a hacer?, me preguntó. Buscar trabajo. Me dijo: ya lo tienes, mañana empiezas acá.

Trabajó ahí tres años. Decidió independizarse y abrió su empresa en el garaje de su casa...
En la sala, ¡ya hubiera querido tener garaje! (ríe)...

Hoy tiene este edificio de más de 1.000 metros cuadrados. ¿Cómo lo ha hecho?
Transformando a las personas, enseñándoles a soñar.

Suena fácil.
Uno va creando su necesidad. Yo tuve que crear esa historia (la de los niños mal nutridos de Alianza Lima) para poder vender esa publicidad. ¡Yo tenía una necesidad! También tenía un sueño: crecer, ¡salir adelante!

¿Si ya tenía la chamba segura, por qué se independizó?
Me lo propusieron. Empezaron a tercerizar, y me lo propusieron. Yo lo vi como una oportunidad, una oportunidad que no tiene cualquiera. Por eso tuve que buscar el nombre de mi empresa en un día, y como a mí me dicen Lucky... Te hablo de la transformación de las personas por el mismo hecho de venir de una condición humilde y, pese a ello, ser feliz, ser derecha y agradecida. Ese es el secreto, ¡para todo lo que quieras en la vida! Así fue como yo pasé de la sala de mi casa a tener este edificio. Uno puede transformar a las personas, uno se puede transformar a sí mismo.

Quienes conocen su empresa saben que su crecimiento está determinado por el que ha experimentado Alicorp.
Ellos me dieron las pautas. La necesidad de su crecimiento fue la nuestra, y la asumimos como tal.

¿De no ser por esa empresa no habría crecido Lucky?
De repente no habría crecido en promociones, pero te aseguro que, en otro rubro, habría crecido ¡de todas maneras!

¿Por qué?
Porque estoy convencida de que se pueden lograr cambios, ¡que todos somos capaces! Nadie tiene más ojos ni más manos que nadie. Unos han tenido la oportunidad de tener un título en la universidad, otros lo hemos aprendido todo en la calle.

Siendo hoy el mercado tan agresivo. Eso no ha hecho que usted se sienta...
¿Disminuida? Yo aprendí a quererme, y cuando tenía que competir con alguien con mejor físico --porque eso también cuenta-- y mejor capacitado, yo decía: tengo que transmitir 'algo', tengo que sacar algo que me salga de adentro, ¡tengo que ser yo! Y así fue, así es y así será.

Sin embargo, hoy hay una locura por estudiar más y más.
Yo sí estudio y me capacito. Te digo cómo: a través de toda mi gente. Si le pago una, dos maestrías a Juan Carlos (su hermano), ¡él me las tiene que pagar! (ríe)... Él llega de sus clases ¡y me cuenta todo lo que ha aprendido!

¿Qué pasa, se considera floja para el estudio?
De repente, sí. Lo que pasa es que yo sigo siendo el ama de casa de toda la vida. Todavía cocino. Antes de salir de casa, dejo hecho el almuerzo. Amo eso. Es parte de mi terapia personal. Además, correr por 21 ciudades, ir a otros países, regresar, ¡alguien tiene que ponerle el alma y la vida a esto!

Y aquí, el alma y la vida la pone Lucrecia.
Así es, y yo sigo siendo la misma.
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6 comentarios:

  1. Bueno pimero quisiera felicitar a la señora ''Lucrecia'' ya que hoy en dia es una persona muy exitosa.

    el dia de hoy decidi averiguar algo mas sobre la empresa Lucky para la cual trabajo indirectamente. y la verdad estoy anonado con tan brillante historia que mis ojos pudieron leer, la verdad es que la señora Lucrecia es un gran ejemplo a seguir, puesto que inicialmente la situacion economia no era del tono buena pero con esfuerzo y buena organizacion la llevaron al exito. Felicitaciones! Andres Pretell. andrespretell_09@hotmail.com

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  2. gracias por su motivacion esta frase me a gustado (Eso no ha hecho que usted se sienta...
    ¿Disminuida? Yo aprendí a quererme, y cuando tenía que competir con alguien con mejor físico --porque eso también cuenta-- y mejor capacitado, yo decía: tengo que transmitir 'algo', tengo que sacar algo que me salga de adentro, ¡tengo que ser yo! Y así fue, así es y así será.)la felicito y le deseo de todo corazon muchos mas exitos.

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  3. olaz zoy estudiante del colegio modelo trujillo buenoO me gustaria felicitar a la señoOra (lucrecia)... k buenoO que nunca se alla dado por vencida es un buen ejemplo de mujer bye.....

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  4. Tengo la oportunidad de trabajar en la ciudad de Bogotá para esta empresa, no conocía esta historia de vida, la verdad y muy apunto de colgar la toalla surtío un efecto que me motiva a seguirle metiendo garra a esto.

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  5. Interesante historia, me gustaría conocer personalmente a la señora Lucrecia, tengo muchos proyectos que son viables.
    Mi teléfono es: 992-372-426

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  6. Decidí averiguar sobre la empresa lucky y me doy con muchas sorpresas.Un ejemplo de vida y éxito.Muchas veces creemos que para lograr el éxito es necesario el dinero y la fama , pero con el gran ejemplo de la sra. Lucrecia , vemos que no es así.Depende de la fuerza de voluntad y el hambre que debemos tener hacia el éxito.Y que sí podemos lograr muchas cosas.....

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