Muchas personas aún piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Algunos argumentan que hoy hay más pobreza, más polución, más estrés y menos calidad de vida que hace 50 años. Pero para Gregg Easterbrook, quien escribió "La paradoja del progreso", los indicadores de progreso de hoy demuestran que el mundo está mucho mejor. En el mundo desarrollado, el ingreso per cápita es mayor, la expectativa de vida ha aumentado drásticamente, la cantidad de personas que tiene acceso a educación, casas propias y automóviles es mucho mayor hoy que en el pasado. Pero algunos piensan que las mejoras solo se han dado en el mundo desarrollado.
Es cierto que más de un billón de personas vive en países subdesarrollados con menos de un dólar al día, pero la pregunta es: ¿la situación ha empeorado en estos últimos años? Según Easterbrook, la situación de los países subdesarrollados ha mejorado. En 1975, el promedio de ingreso per cápita anual en estas naciones era de US$2.125. Hoy en día es US$4.000. En 1974, solo un tercio de los países tenía elecciones democráticas, ahora son dos tercios de las naciones. En Latinoamérica, una generación atrás, el 40% de los niños menores a 5 años tenía un déficit de peso; hoy solo el 5%. Hoy, 10% de los niños en países subdesarrollados muere antes de los 5 años. La cifra es terrible, pero hace 50 años el 28% moría antes de esa edad.
Easterbrook plantea que, si bien todavía existen indicadores de pobreza por mejorar, la situación ha mejorado drásticamente. Pero, ¿por qué tantas personas sienten que el mundo está peor que antes? El autor da muchos motivos, pero quisiera profundizar en algunos.
-- La ansiedad amplificada por los titulares. Los medios de comunicación dedican mucho más tiempo a los aspectos negativos de la vida. Crímenes, estafas, coimas, corrupción, venganzas y muertes figuran en una proporción mucho más elevada que la de la realidad. Una estadística impactante es que 45% de los crímenes reportados por los medios tienen que ver con violencia o sexo. En el mundo real, solo el 3% de los crímenes tienen que ver con violencia o sexo. Pero las noticias, los programas de televisión y las películas frecuentemente nos muestran a funcionarios corruptos, violencia, mafiosos y asesinos con tanta frecuencia que generan una visión distorsionada de la realidad. Ver todas estas imágenes nos hace sentir que vivimos en un mundo inseguro, violento y negativo.
--La felicidad no se puede comprar. El ingreso per cápita en países como Estados Unidos se ha duplicado en los últimos años, pero el nivel de felicidad de la población se ha mantenido estable. Si bien el ingreso de la gente aumenta, cada vez existen más bienes y servicios ofertados, y es imposible que uno lo tenga todo. Esto genera ansiedad. Cuando logramos una meta material, la satisfacción es temporal. Nos acostumbramos a eso y uno se traza otra meta y nunca para de querer más. Invertimos mucho más tiempo concentrados en nuestros deseos que en contar nuestras bendiciones y en agradecer lo que tenemos. La felicidad no se compra. No se puede comprar amor, amistades, cariño, respeto verdadero, paz y armonía. Estamos confundidos y enrumbamos todas nuestras energías hacia el individualismo del 'éxito' económico.
Si bien el mundo está mejor, todavía existe mucho por mejorar. No dejemos que la vida se nos pase en la carrera de acumular bienes que ni siquiera tenemos dónde guardar. Dediquemos tiempo a servir y ayudar a mejorar este mundo. Es allí donde se encuentra la verdadera felicidad.
Por David Fischman. Ingeniero UPC
Es cierto que más de un billón de personas vive en países subdesarrollados con menos de un dólar al día, pero la pregunta es: ¿la situación ha empeorado en estos últimos años? Según Easterbrook, la situación de los países subdesarrollados ha mejorado. En 1975, el promedio de ingreso per cápita anual en estas naciones era de US$2.125. Hoy en día es US$4.000. En 1974, solo un tercio de los países tenía elecciones democráticas, ahora son dos tercios de las naciones. En Latinoamérica, una generación atrás, el 40% de los niños menores a 5 años tenía un déficit de peso; hoy solo el 5%. Hoy, 10% de los niños en países subdesarrollados muere antes de los 5 años. La cifra es terrible, pero hace 50 años el 28% moría antes de esa edad.
Easterbrook plantea que, si bien todavía existen indicadores de pobreza por mejorar, la situación ha mejorado drásticamente. Pero, ¿por qué tantas personas sienten que el mundo está peor que antes? El autor da muchos motivos, pero quisiera profundizar en algunos.
-- La ansiedad amplificada por los titulares. Los medios de comunicación dedican mucho más tiempo a los aspectos negativos de la vida. Crímenes, estafas, coimas, corrupción, venganzas y muertes figuran en una proporción mucho más elevada que la de la realidad. Una estadística impactante es que 45% de los crímenes reportados por los medios tienen que ver con violencia o sexo. En el mundo real, solo el 3% de los crímenes tienen que ver con violencia o sexo. Pero las noticias, los programas de televisión y las películas frecuentemente nos muestran a funcionarios corruptos, violencia, mafiosos y asesinos con tanta frecuencia que generan una visión distorsionada de la realidad. Ver todas estas imágenes nos hace sentir que vivimos en un mundo inseguro, violento y negativo.
--La felicidad no se puede comprar. El ingreso per cápita en países como Estados Unidos se ha duplicado en los últimos años, pero el nivel de felicidad de la población se ha mantenido estable. Si bien el ingreso de la gente aumenta, cada vez existen más bienes y servicios ofertados, y es imposible que uno lo tenga todo. Esto genera ansiedad. Cuando logramos una meta material, la satisfacción es temporal. Nos acostumbramos a eso y uno se traza otra meta y nunca para de querer más. Invertimos mucho más tiempo concentrados en nuestros deseos que en contar nuestras bendiciones y en agradecer lo que tenemos. La felicidad no se compra. No se puede comprar amor, amistades, cariño, respeto verdadero, paz y armonía. Estamos confundidos y enrumbamos todas nuestras energías hacia el individualismo del 'éxito' económico.
Si bien el mundo está mejor, todavía existe mucho por mejorar. No dejemos que la vida se nos pase en la carrera de acumular bienes que ni siquiera tenemos dónde guardar. Dediquemos tiempo a servir y ayudar a mejorar este mundo. Es allí donde se encuentra la verdadera felicidad.
Por David Fischman. Ingeniero UPC
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