Si en el 2007 las tasas inflacionarias en los países de América Latina superaron las previsiones oficiales, en el presente año, agravado el problema, están comenzando a poner en serio peligro los programas económicos de muchos de ellos, y a generar indeseables turbulencias sociales y políticas.
Como se sabe, el fenómeno tiene su origen principalmente en la notable elevación de los precios internacionales de insumos y alimentos fundamentales, entre ellos el petróleo, el trigo, el maíz y la soya. Sin embargo, en algunos países de alto crecimiento económico también se debería a la fuerte expansión de la demanda.
Teniendo esto último en cuenta, varios de ellos están incrementando sus tasas de interés de referencia, con el objeto de desacelerar el crecimiento y contrarrestar así las presiones alcistas en sus precios internos.
A junio de este año, Venezuela ya superó el 30% de inflación en términos anualizados. Argentina, si bien en los poco creíbles datos oficiales figura con una tasa de apenas 9.3%, en realidad estaría cerca del nivel venezolano, a decir de los analistas privados de ese país.
Otros países en aprietos son Nicaragua y Bolivia. Coincidentemente, los cuatro aplican políticas económicas con fuertes rasgos populistas.
Las dos economías más grandes, como son Brasil y México, se ubican entre los países con menor inflación, con niveles de 6.1% y 5.3%, respectivamente.
El Perú, pese a hallarse entre estos países menos golpeados por el fenómeno, también está sintiendo su efecto, el que se refleja en el creciente malestar de la población y en la disminución de la popularidad del gobierno. Consciente de ello, y de la necesidad de enfrentarlo, éste viene tomando medidas; así, en los dos últimos dos meses ha elevado dos veces su tasa de referencia, así como las de encaje, con el objeto de restringir parcialmente la liquidez y el crédito.
Como se sabe, el fenómeno tiene su origen principalmente en la notable elevación de los precios internacionales de insumos y alimentos fundamentales, entre ellos el petróleo, el trigo, el maíz y la soya. Sin embargo, en algunos países de alto crecimiento económico también se debería a la fuerte expansión de la demanda.
Teniendo esto último en cuenta, varios de ellos están incrementando sus tasas de interés de referencia, con el objeto de desacelerar el crecimiento y contrarrestar así las presiones alcistas en sus precios internos.
A junio de este año, Venezuela ya superó el 30% de inflación en términos anualizados. Argentina, si bien en los poco creíbles datos oficiales figura con una tasa de apenas 9.3%, en realidad estaría cerca del nivel venezolano, a decir de los analistas privados de ese país.
Otros países en aprietos son Nicaragua y Bolivia. Coincidentemente, los cuatro aplican políticas económicas con fuertes rasgos populistas.
Las dos economías más grandes, como son Brasil y México, se ubican entre los países con menor inflación, con niveles de 6.1% y 5.3%, respectivamente.
El Perú, pese a hallarse entre estos países menos golpeados por el fenómeno, también está sintiendo su efecto, el que se refleja en el creciente malestar de la población y en la disminución de la popularidad del gobierno. Consciente de ello, y de la necesidad de enfrentarlo, éste viene tomando medidas; así, en los dos últimos dos meses ha elevado dos veces su tasa de referencia, así como las de encaje, con el objeto de restringir parcialmente la liquidez y el crédito.
