Veredas mas grandes

Hace tres semanas me encontraba caminando por las últimas cuadras del jirón Pizarro en Trujillo cuando, de pronto, unos letreros sobre las puertas de los negocios llamaron mi atención. En ellos estallaban mensajes parecidos a estos: "Acuña, Trujillo no es tu feudo". "Alcalde, no queremos quebrar". "¡No al paseo peatonal!"

Los letreros que acabo de transcribir de memoria hablan solos de lo que estaría por ocurrir en Trujillo: la lentísima caravana de autos que ahora se moviliza por esas cuadras de Pizarro tendría que desviarse para que un paseo de peatones ocupe su lugar. Debo confesar que al principio no entendía nada. ¿De verdad se estaban quejando esos comerciantes? ¿No estarían siendo utilizados por algún eventual enemigo del actual alcalde de Trujillo? Conforme he ido reflexionando más sobre aquellos letreros de protesta, más me he dado cuenta de hasta qué punto en nuestras ciudades asociamos al progreso con el automóvil. Cuando nuestros publicistas muestran estampas modernas de nuestra capital, no demoran en aparecer imágenes nocturnas de autovías regadas por las luces rojiblancas de los autos. Cuando queremos medir a qué ritmo van progresando nuestras ciudades, nos ponemos a pensar qué tantos by-pass, tréboles y túneles se han inaugurado recientemente. Hasta he llegado a pensar que si un visitante extranjero sobrevolara Lima llegaría a pensar que somos una ciudad de Disney --como en la película "Cars"-- en la que no habitan personas, sino vehículos. Este mundo entendido al revés quizá no sea una exageración, tal como lo prueba la anécdota de los letreros en Trujillo. A menos que los comerciantes de esa ciudad norteña hayan sido criados en un agringado 'drive in' en el cual el auto ingresa hasta el negocio para hacer la transacción, no hay forma de pensar que una nube de peatones caminando por la puerta de tu negocio sea menos apetecible que una fila de automóviles quemando su combustible entre bocinas. ¿Acaso los comerciantes del Jockey Plaza aceptaron pagar un alquiler alto porque les prometieron que iban a transitan autos por el corredor central? Dejando de lado la 'cachita', sería importante que los ciudadanos y nuestras autoridades entendamos que un paseo peatonal o una ciclovía merece tantos o más aplausos que la inauguración de una vía rápida para autos. Cuando usted maneja un auto en una flamante vía expresa, quizá experimente el 'placer' de trasladarse más rápidamente desde un punto A hacia un punto B. Pero, en ese trayecto, dudo mucho que esté disfrutando su ciudad o apropiándose de ella: solo estará cumpliendo el rol de un pasajero en tránsito. Es la experiencia de caminar, de mirar a los ojos a los vecinos, de sentir el aire en la cara o de sentarse en una banca lo que hace que uno quiera a su ciudad y aprenda a respetarla. No he conocido a nadie que diga "quiero a Lima porque manejo todos los días por el zanjón". Sí he conocido a gente que me ha dicho "quiero a Lima porque me encanta caminar mirando el mar". Son las anchas veredas --más que las anchas pistas asfaltadas-- las que generan el valor y atractivo de avenidas como Champs Elysées, en París, la Quinta Avenida, en Nueva York, o Newbury Street, en Boston. ¿No le convendría pensar esto a los comerciantes de Trujillo y a los peruanos en general? A menos, claro, que nuestra idea de negocio --o de vida -- sea montar estaciones de gasolina y reencauche de llantas.

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