Es difícil explicarle al resto del mundo (quienes no están inmersos en la loca vorágine publicitaria) lo que significa trabajar haciendo publicidad. Hay quienes dicen que el término 'publicista' está venido a menos porque es automáticamente relacionado a creativos que tienen ideas desbaratadas luego de un vuelo alto y una caída aparatosa, y que utilizan artilugios non sanctos. Pocos prejuicios son tan cliché como este.
Uno de los principales privilegios de trabajar en publicidad es conocer a la gente que compone nuestro circuito. Si se pudiera hacer un perfil o una breve reseña de cada personaje publicitario, sería sin duda el más divertido best seller del año. Hay que reconocer que es un universo de egos exacerbados, de luchas de poder, de tratar de ser único (o al menos creer que lo eres) y diferenciarte de otros. Pero hay que caer en cuenta que esos 'otros' han sido atrapados por el mismo imán.
Puedo decir que he trabajado con gente increíble. Gente capaz de venir a la oficina en pijama, de hablar abiertamente y sin tapujos de su vida sexual delante de absolutos desconocidos. De usar, con aire despistado, ropa vieja y con huecos, no por un tema de moda o de falta de dinero, sino por mera excentricidad. Incluso, de crear insultos nuevos cada día cuando el repertorio finalmente se agota. He visto batir récords de colección de juguetes sobre un escritorio y estrellar tazas de café contra la pared para ver quién deja la mancha más grande. A diferencia de profesionales de otras disciplinas, el saco y la corbata puede generar una alergia irremediable en los publicistas. Pero es esta misma gente la que se desempeña de modo brillante en el área laboral y que, más sorprendente aún, tiene una filosofía envidiable frente a la vida.
Son como son. Transparentes. Eso hace que se pueda vivir tranquilo, sin aparentar y sin buscar caer bien para ser aceptado. Parte de la regla tácita es valorar a cada uno justamente por sus rarezas. Saber que, antes que nada, el talento se demuestra desde adentro. Creo que es una actitud no solo valiosa, sino valiente.
Si bien no toda la gente extraña es creativa, puedo casi aseverar que el promedio de extravagancia en el mundo publicitario es muy alto. Con orgullo, me incluyo en el porcentaje.
Por Ximena Vega. Vicepresidenta de estrategia de Mayo Publicidad
Uno de los principales privilegios de trabajar en publicidad es conocer a la gente que compone nuestro circuito. Si se pudiera hacer un perfil o una breve reseña de cada personaje publicitario, sería sin duda el más divertido best seller del año. Hay que reconocer que es un universo de egos exacerbados, de luchas de poder, de tratar de ser único (o al menos creer que lo eres) y diferenciarte de otros. Pero hay que caer en cuenta que esos 'otros' han sido atrapados por el mismo imán.
Puedo decir que he trabajado con gente increíble. Gente capaz de venir a la oficina en pijama, de hablar abiertamente y sin tapujos de su vida sexual delante de absolutos desconocidos. De usar, con aire despistado, ropa vieja y con huecos, no por un tema de moda o de falta de dinero, sino por mera excentricidad. Incluso, de crear insultos nuevos cada día cuando el repertorio finalmente se agota. He visto batir récords de colección de juguetes sobre un escritorio y estrellar tazas de café contra la pared para ver quién deja la mancha más grande. A diferencia de profesionales de otras disciplinas, el saco y la corbata puede generar una alergia irremediable en los publicistas. Pero es esta misma gente la que se desempeña de modo brillante en el área laboral y que, más sorprendente aún, tiene una filosofía envidiable frente a la vida.
Son como son. Transparentes. Eso hace que se pueda vivir tranquilo, sin aparentar y sin buscar caer bien para ser aceptado. Parte de la regla tácita es valorar a cada uno justamente por sus rarezas. Saber que, antes que nada, el talento se demuestra desde adentro. Creo que es una actitud no solo valiosa, sino valiente.
Si bien no toda la gente extraña es creativa, puedo casi aseverar que el promedio de extravagancia en el mundo publicitario es muy alto. Con orgullo, me incluyo en el porcentaje.
Por Ximena Vega. Vicepresidenta de estrategia de Mayo Publicidad
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