El turismo vivencial en auge

La imagen del turista que solo dispara flashes para captar la foto postal ya está cambiando. Ahora ya aparece el viajero que quiere conocer las culturas más de cerca, que quiere participar y convivir. No es coincidencia que, entre las motivaciones del turista extranjero para venir al Perú, 47% busque conocer la cultura y 40% venga por los atractivos histórico-culturales, según el Perfil del Turista Extranjero de Prom-Perú. "Ahora el turista quiere conocer el estilo de vida de los lugares que visita", afirma Mara Seminario, directora de Promoción de Turismo de Prom-Perú.

Entonces, paralelamente al turismo tradicional, se está desarrollando una alternativa para las comunidades que no tienen un Machu Picchu de jale turístico, pero sí una riqueza cultural para compartir

BUENA SIMBIOSIS
Las agencias de viajes que promueven el turismo rural comunitario en Cajamarca, luego de conocer a varias familias de los distritos de la Encañada y Namora, se quedaron con dos "que mantenían sus costumbres, tenían más de 8 familiares en casa y tenían una actitud receptiva". Entonces implementaron las casas: "lo básico: un cuarto con una cama y un baño con un sistema bastante artesanal". La idea fue concebida para los extranjeros pero más de la mitad han sido turistas peruanos. Sin embargo, como la demanda aún no es muy fuerte y ellas saben que el turista extranjero no va a cruzar el Atlántico solo para hacer turismo rural, la agencia incluye esta dosis vivencial en los paquetes tradicionales. ¿Y cómo se beneficia la comunidad? Las familias ganan por el hospedaje y la comunidad cuando los turistas compran sus artesanías.

Otro es el caso de Ultimate Voyages, empresa que, en alianza con la Comunidad Campesina Santa Catalina de Chongoyape (Lambayeque), recibe turistas en Chaparrí, la primera área de conservación privada del Perú. El albergue tiene 10 habitaciones para los turistas que quieren disfrutar de la naturaleza, observar aves y conocer la comunidad y por cada turista que se quede a dormir la comunidad recibe US$30 de parte de la empresa. La gerenta general Anahí Plenge, cuenta que la idea se le ocurrió luego de que su padre (el fotógrafo conservacionista Heinz Plenge) comprara un terreno en la zona y se hiciera comunero. "En el proceso de recuperación de los bosques secos, había una serie de colaboraciones entre la comunidad y mi papá, era una relación simbiótica, la comunidad necesitaba nuestras instalaciones para que los turistas se bañen y él mantenía los senderos limpios", cuenta.

Para que los turistas lleguen a Chaparrí, además de la página web, tienen contacto con 7 agencias de Canadá, EE.UU., Inglaterra y Ecuador. "En el 2006 teníamos la expectativa de llegar a los 50 turistas y llegamos a 100", cuenta Anahí Plenge, que ya ha armado talleres para capacitar a nuevos guías de la zona y piensa construir 6 módulos más.

¿AMENAZA FUTURA?
Por más que, a decir de Seminario, estemos hablando de "un turista que respeta y valora las otras culturas y por lo tanto no es una amenaza", el choque de culturas también puede traer como consecuencia la pérdida de las tradiciones locales, precisamente el valor turístico de estos pueblos.

"Por el momento estamos viendo el lado positivo, que es el ingreso de dinero o de bienes, pero habría que ver el impacto desequilibrante que tiene el ingreso desigual de dinero a una comunidad", advierte el antropólogo social Fernando Fuenzalida. Y es que, según el especialista, desde el primer contacto que se tiene con el turista, hay un desgaste de los usos y valores culturales. "Las tradiciones legítimas son sustituidas por falsas tradiciones, diseñadas especialmente para satisfacer los gustos del turista, entonces la distorsión es inevitable", sentencia.

"Si entran muchos turistas, pueden malograr la comunidad, con el dinero todo cambia", dice Valentín Quispe, presidente de Aprotur, la primera asociación de Llachón (Puno) que en 1996 comenzó a dedicarse al turismo vivencial, luego de ver cómo las lanchas llenas de turistas se iban a las islas vecinas de Taquile y Amantaní. Por eso, para controlar el ingreso de turistas en la zona, la comunidad ha acordado prohibir la construcción de hoteles. Actualmente, en cada casa duermen dos turistas y, de las 280 familias, 150 han incorporado el turismo, "¡pero como actividad secundaria!", aclara Quispe. Para evitar que se pierdan las tradiciones, las actividades principales siguen siendo la chacra, el ganado, la pesca, "acá la gente no depende solo del turismo como sí está ocurriendo en otras zonas de Puno".

Precisamente, para disminuir el impacto negativo hay que proteger aquello que tenemos definido como riqueza cultural. ¿Cómo se hace? "Si se invierte en promover el turismo también se debe invertir en promover la cultura", añade Fuenzalida.

Al respecto, Vivencial Tours, hace talleres de identidad con las familias y la comunidad para revalorizar su cultura, "antes se avergonzaban de eso, decían: 'yo he nacido en castellano', pero ahora las generaciones más jóvenes han visto la fascinación del turista por sus costumbres y ya no les da vergüenza hacer las tareas de los abuelos", dice Ana María Cacho.

La comunidad de Llachón, por su lado, tiene capacidad para albergar a 180 turistas por noche, pero Quispe dice que la comunidad debe estar preparada y capacitada, "si no, esta actividad no durará más de 15 años".

EN PUNTOS
La guía Turismo Rural Perú será traducida al inglés y , en marzo, Prom-Perú presentará el potencial de este sector en una feria especializada en Berlín, Alemania.
El Mincetur está formando un equipo para fomentar el turismo rural y creará una página web para mantener interconectados a los operadores.
Machupicchuk.com

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