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“A Dios rogando y con el mazo dando”

Por: Mg. Teresa Chara de los Rios

Si bien es cierto no siempre es posible controlar el riesgo que conlleva un desastre natural, ni los daños posteriores cuando éste ocurre, siempre debemos estar preparados y poner en funcionamiento sistemas de alerta que minimicen estos daños.

Lo que ha ocurrido en Ambo nos motiva a reflexionar. Personas que han tomado la decisión de construir sus casas en lugares vulnerables y de alto riesgo. Después de ocurrido el desastre empezamos a echar la culpa a todos, especialmente las autoridades. He escuchado hasta el hartazgo en diversos medios de comunicación que los culpables son el Presidente Regional y el Alcalde de Ambo entre otros. 

No me mueve ningún interés político ni simpatías personales por esas autoridades, pero creo sinceramente que responsabilizar sólo a las autoridades, es pretender sacudirnos de nuestras propias responsabilidades. 

He conversado con diversas autoridades y organizaciones de la sociedad civil de Ambo, he percibido su preocupación y voluntad por hacer las cosas rápidas y bien. Se requieren soluciones inmediatas, pero el problema de fondo es ¿Por dónde comenzamos? No tenemos un plan de contingencia. Hemos recibido charlas preventivas pero no tenemos experiencia en manejar situaciones como las que se han presentado. 

Existen muchas personas de buena voluntad, todos quieren apoyar, pero nuevamente la pregunta ¿Por dónde empezamos? Y dar respuesta a esa pregunta lleva tiempo y en estos casos el tiempo es oro. Estas personas hacen lo que pueden, vienen trabajando quizás en un inicio en forma desorganizada, hoy con un trabajo más planificado, trabajan todo el día, totalmente ad honorem, casi no duermen. 

Los damnificados comienzan a desesperarse, piden, reclaman, exigen. Esto es comprensible, han perdido a sus seres queridos y se desesperan por sacar a sus muertos que están cubiertos por toneladas de lodo. Sus vidas no se recuperarán jamás, sólo sus cadáveres. Los damnificados han perdido su casas, cosas, lo han perdido todo, aunque a decir verdad, con el tiempo podrán volver a comprar esas cosas materiales, se les asignará un nuevo terreno en un lugar más seguro, pero también tendrán que trabajar el doble para conseguir o mejorar lo que tenían.  

Tampoco podemos quedarnos en el tema de las lamentaciones y que son pobrecitos, porque con ello los estaremos minimizando y ahora ante esta realidad, lo que se necesita son personas con autoestima alta que quieran sacudirse de su desgracia y salir adelante. Hay que darles ayuda psicológica, darles tiempo, el tiempo cura nuestras penas, el tiempo también se encarga de darnos valor para superar nuestras desgracias. 

Hay un dicho muy sabio que le encantaba decir a mi abuela, “A Dios rogando y con el mazo dando” que significa que no sólo debemos rogar, pedir y estirar la mano para recibir, sino también debemos esforzarnos nosotros mismos para cambiar esa situación que nos afecta. Lo contradictorio de este dicho es que muchas personas ruegan y reclaman a las autoridades para que les solucionen los problemas, pero por otro lado las acusan, las ofenden, las atacan. 

Lo cierto es que ante esta realidad, a todos nos toca un poco. Existen personas de buen corazón que llevan víveres y quieren entregarlos directamente, quizás por desconfianza; sin embargo, los damnificados no tienen espacio para guardar estas cosas y algunas se vienen malogrando. Otras personas les donan alimentos crudos y no tienen refrigeradoras ni cocinas con qué cocinar, porque la preparación de alimentos se le ha dado a cinco comedores, quienes en forma desinteresada preparan desayuno, almuerzo y comida para casi 400 personas. Las personas encargadas de la cocina están agotadas. Considero que hay que organizar brigadas para trabajos comunitarios como seguridad, cocina y limpieza. 

Y por último, si queremos donar tienen que ser cosas servibles, útiles para ellos y de acuerdo a las circunstancias. Donar ropa usada y sucia no es un acto noble. Donar zapatos de taco alto tipo aguja, no tiene sentido en estas circunstancias. Seamos coherentes con los que decimos y con lo que hacemos. Ambo nos está dando una gran lección. 

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